Hacer las paces
- Gonzalo Tow Bautista
- 15 jun 2023
- 3 Min. de lectura
Ayer (12 de Junio) un conductor arrolló a cuatro adultos y dos menores en una esquina en la que hay una Escuela Primaria. El conductor dijo que perdió el control del vehículo pero no le creyeron. Se dijo que actuó con alevosía y un conjunto de vecinos lo bajó del auto y comenzó a golpearlo. La policía municipal lo rescató de ser linchado.
La historiadora Gema Kloppe-Santamaría ha recabado datos de cientos de linchamientos en los últimos cien años, 366 casos en los que la población se moviliza para hacer justicia por su propia mano, y tiene hallazgos que pueden ser contraintuitivos.
Los linchamientos no se dan en lugares sin ley y en la ausencia de autoridades, en muchas ocasiones la policía, los alcaldes y los jueces atestiguan, organizan o colaboran con los linchamientos. No surge una turba bárbara que espontáneamente se alza, sino que previamente participan de otras formas no violentas de organización comunitaria. No son pueblos que se envalentonan, son comunidades atravesadas por conflictos críticos, qué tienen miedo y están convencidos qué el debido proceso es arbitrario y no castiga a los culpables.

Estas manifestaciones tan violentas significan qué hay cero tolerancia hacia un comportamiento, qué como comunidad están cansados, qué el sistema les ha fallado.
Cuando estudiaba el posgrado, Alejandro Castillejo nos habló de Justicia Transicional (vinculado a la reparación por violaciones masivas de derechos humanos, cuando el estado falla en garantizar condiciones para la paz), y nos pronosticó un horizonte de los derechos humanos en dónde las lógicas prescriptivas se irán transformando para lograr entender y contactar con el miedo y el dolor que dejan los altercados que vulneran derechos.
Aunque los procesos de Justicia y de Verdad siguen siendo una deuda en México, veo con emoción cómo ganan fuerza los mecanismos alternativos de justicia dentro del sistema penal. Desde 2014 tenemos una Ley Nacional de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en Materia Penal y ha tomado casi una década para instrumentarla. Hoy, en Nuevo León tenemos una de las pocas leyes estatales en la materia y un Instituto que se dedica a promover y profesionalizar la mediación y la reconciliación.
Los mecanismos alternativos que están reglamentados por ley y los linchamientos distan mucho entre sí, pero comparten un deseo: permitir a la ciudadanía ser implementadores de justicia. Nuestras comunidades necesitan urgentemente sentir que su dolor puede ser escuchado y reconocer que tienen agencia en cómo se resuelven sus casos.

Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta, dice qué, cada que se comete un ilícito, es el estado quien nos falla a todos. Falla a nivel prevención. Cuando damos la oportunidad de que víctimas y agresores sean escuchados, tendemos puentes para entender qué es lo que sucedió y cómo podemos encontrar nuevos caminos hacia un futuro compartido. Muchos agresores no tienen los andamiajes culturales, intelectuales y comunitarios que les guíen a tomar mejores decisiones y la justicia restaurativa permite construir compromisos y darles seguimiento para que podamos intentar ser mejores, hoy como ayer.
En Sudamérica llevan un largo camino recorrido en términos de cultura de paz y han concluido algo revelador: no existe la Paz (con Pe mayúscula), lo más cercano es reconocer qué la paz tiene múltiples manifestaciones, qué no hay una sola forma de resarcir el daño, qué el duelo se aloja en los demás de forma única. Qué el dolor no puede ser aliviado con un tabulador de sanciones. Qué la única posibilidad para alcanzar la Paz, es hacer las paces.
-----------------------------------------------------
Gonzalo Tow Bautista es Consultor y gestor social especialista en Derechos Humanos y Memoria Colectiva por la FLACSO Brasil y diplomado en resolución de conflictos para la cultura de paz. En 2022 lideró la Jefatura de implementación de Mecanismos de Participación Ciudadana en el Gobierno del Estado de Nuevo León.
.png)



Comentarios